Siguiendo las huellas de Juan Pablo II, crónica de una peregrinación.

Peregrina y Evangeliza.

Miguel Angel Irigaray

 

El primer día, todos los peregrinos habíamos quedado para encontrarnos y facturar maletas en la Terminal 2 de Barajas a las dos de la tarde; a esa hora nos encontrábamos con la organización (con Cristina Rubio y el Padre Luis Fernando de Prada, de Radio María) y con Julián Alcalde, de la agencia de viajes Camineo Tours que organizaba este evento. Despegamos del aeropuerto de Madrid-Barajas a las cinco menos diez de la tarde y en torno a las ocho menos veinte tomábamos ya tierra en Varsovia. Así pues, poco menos de tres horas efectivas de vuelo; luego tuvimos que volver a volar desde Varsovia a Cracovia, en un trayecto de sólo media hora. Desde el aeropuerto Juan Pablo II de Cracovia nos condujeron en autobús al excelente hotel de cuatro estrellas Best Western, situado en las afueras de la ciudad, de donde nos llevarían y traerían todos los días. La organización fue perfecta y funcionó a las mil maravillas.

El segundo día fue para conocer y visitar Cracovia. Visita guiada por la mañana a los sitios más emblemáticos de la ciudad: barrio judío, Universidad Jaiellonica, casco viejo, Colina y Castillo de Wawel… Celebramos misa en la impresionante basílica Santa María de la Plaza Mayor, nos fuimos a comer a un céntrico y precioso restaurante (con excelente servicio en su personal) y a la tarde, más allá de las cinco, nos dieron tiempo libre. Algunos peregrinos aprovechamos para acudir a la Iglesia de los dominicos, llena de jóvenes en la misa vespertina de las 19.00 hs., tan centrados y con tanta devoción que, si alguien osaba hablar, le miraban con cierto enfado o recelo. En Radio María, el Padre Luis Fernando de Prada resumía para los informativos el sentido y los objetivos de la peregrinación: “Polonia –decía- tiene un papel muy importante en la historia de la Iglesia, en la historia del cristianismo, con grandes santos y, últimamente, con esa figura (de las más grandes de la historia del Pontificado), como ha sido Juan Pablo II. Estamos seguros de que en esta peregrinación, aprendiendo de la historia y visitando los distintos lugares, irá creciendo nuestra fe y nuestra devoción.  Nosotros no queremos hacer turismo religioso, sino una peregrinación. El turismo religioso es que se visitan sitios religiosos, se ven, se explican, se hacen fotos… No digo que esté mal, pero nosotros buscamos algo más. Necesitamos peregrinar, es decir, crecer en la fe, en la devoción. Podríamos ir a otros sitios a más velocidad, podríamos hacer más cosas…, pero nos importa escoger los lugares que realmente nos ayuden a crecer en esa fe, a madurar, a estar tranquilos espiritualmente y no, como un turista más, a coger todas las fotografías del mundo… Esto tiene que ser como un retiro, peregrinando; no un retiro en una casa de espiritualidad, pero sí, al fin y al cabo, una experiencia religiosa”.

El tercer día pasamos la jornada en Czestochowa, a unas dos horas de camino de Cracovia, donde visitamos el santuario más conocido de Polonia, el de Jasna Góra, donde está la VirgenNegra a la que tanta devoción tenía el beato Papa Juan Pablo II. De camino hacia allí, en el autobús rezábamos laúdes y a la vuelta, vísperas; nos proyectaron parte de la película “Karol, el hombre que se convirtió en Papa”. En el santuario mariano de Czestochowa fueron preciosas, profundas, impresionantes, las explicaciones que nos dio una monjita polaca de 71 años en un perfecto español de Argentina, pues había pasado en ese país muchos años. Nos explicó que el cuadro que contiene la imagen de la Virgen de Czestocowa se abre y se cierra varias veces al día, con el fin de despejar la zona del inmenso gentío que se forma y, digamos, para airear un poco. A los pies de la Virgen Negra pusimos Radio María, sus proyectos, sus intenciones, la concesión de licencias y tanto a sus oyentes como benefactores. En torno a la una de la tarde, el director espiritual de esta peregrinación, Luis Fernando de Prada, presidió la santa misa en el santuario, tras lo cual nos fuimos a comer a la ciudad, a Czestochowa, en una comida amenizada por  un acordeonista que tocó canciones españolas y que nos hizo bailar a todos tras los postres, con un grandísimo ambiente entre los peregrinos de RM. El matrimonio de peregrinos formado por Manolo e Isabel celebraron a los pies de la Virgen de Czestochowa sus cuarenta años de matrimonio, por lo que les encomendamos, dando gracias a Dios por su fidelidad.

El 4º día de peregrinación, nos fuimos al campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, donde fueron asesinadas más de un millón de personas, la mayoría de origen judío. Era una cita con el horror, con la historia. Lo vivimos en un clima de oración y respeto por las víctimas. Por la tarde, nos esperaba el Santuario de la Divina Misericordia, en el que celebramos misa y vimos la tumba de Santa Faustina, iniciadora de dicha devoción.

El 5º día nos fuimos a la ciudad natal de Juan Pablo II, a Wadowice. El paisaje en el camino desde Cracovia era precioso, lleno de verde y de casitas muy bonitas. Llegados a la ciudad que vio nacer al Papa, hicimos misa en la preciosa parroquia donde fue bautizado (vimos y fotografiamos su pila bautismal). También estuvimos en la casa donde nació Juan Pablo II, pero estaba en obras para convertirla en un museo, ya que presenta dificultades prácticas para acoger a los miles de peregrinos que llegan de todo el mundo. Han tirado todo el interior y se conservará sólo la fachada exterior, aspecto que a algunos peregrinos nos entristeció un poco, pues pensábamos que se perdía la esencia original de la casa. Nos explicaron que los Wojtyla tenían tan solo alquilada una estancia de esa casa y que su balcón daba a una calle lateral. Estaba muy cerca de la parroquia y del colegio donde estudió Karol de niño.

El último día fue para el regreso a España, que lo hicimos en dos grupos desde Cracovia a Varsovia (el primero de ellos salió del hotel a las 4 de la mañana, pues su avión partía a las 06.00 h.); y de Varsovia a Madrid, ambos grupos volvimos en el mismo vuelo. La llegada a Barajas fue en torno a las 15.30 hs. y ya de ahí, cada cual tomó distintos medios para llegar a su lugar de origen. Algunos peregrinos realizaron 19 horas de viaje hasta casa. Así que el fin de semana tocaría descansar.

Fue una peregrinación estupenda, perfecta en todos los sentidos. Todo funcionó a las mil maravillas; la organización fue excelente, en lo humano y en lo espiritual. Hubo una magnífica convivencia entre los peregrinos, incluyendo la ayuda de unos con otros, si en algún momento alguien pasaba por un momento de cansancio, dificultad o indisposición leve. El programa previsto se cumplió milimétricamente y gozamos de rezar y escuchar misa en los lugares espiritualmente más emblemáticos. Y en lo humano, vivimos momentos de música, de baile… En fin, que, para la mayoría, esta peregrinación se hizo corta y quedaron las ganas de volver.

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Peregrina y Evangeliza

 

 

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